1981 Mundo Onirico

Width 9.25 in

Height 13.50 in

$2,000

English

Mundo Onírico (1981) is a meditation on the uncertain threshold between waking and dreaming, on that territory where the image no longer obeys everyday logic and begins to function as a form of visionary memory. The composition does not present itself as a stable scene, but as a constellation of floating presences: figures, fragments, and signs that seem to emerge from a drifting consciousness, as though the canvas were gathering the traces of a dream still alive. The textured surface functions as a map of this inner experience—layers of pigment and matter accumulate, break apart, and reappear, revealing that the dreamlike is not an escape but a different way of organizing emotion, memory, and mystery. Color sustains this atmosphere with great sensitivity: deep tones and brighter accords alternate to intensify the sensation of displacement, suspension, and partial revelation. Executed with deliberate materiality, the work invites slow and attentive viewing; here, dream is not flight, but a mode of knowledge. Mundo Onírico asks the viewer to let go of the need to fix meanings immediately and to follow the more intimate logic of intuition, where seeing is also remembering, and remembering is a way of dreaming again.


Espanol

Mundo Onírico (1981) es una meditación sobre el umbral incierto entre la vigilia y el sueño, sobre ese territorio donde la imagen deja de obedecer a la lógica cotidiana y comienza a operar como una forma de memoria visionaria. La composición no se entrega como una escena estable, sino como una constelación de presencias flotantes: figuras, fragmentos y signos que parecen emerger de una conciencia en deriva, como si el lienzo recogiera las huellas de un sueño todavía vivo. La superficie texturizada funciona como un mapa de esa experiencia interior—capas de pigmento y materia se acumulan, se interrumpen y reaparecen, revelando que lo onírico no es evasión sino una manera distinta de organizar la emoción, el recuerdo y el misterio. El color sostiene esa atmósfera con gran sensibilidad: tonos profundos y acordes más luminosos se alternan para intensificar la sensación de desplazamiento, de suspensión y de revelación parcial. Ejecutada con deliberada materialidad, la obra invita a una mirada lenta y atenta; aquí el sueño no es fuga, sino un modo de conocimiento. Mundo Onírico pide al espectador que abandone la necesidad de fijar significados de inmediato y que se deje llevar por la lógica más íntima de la intuición, donde ver es también recordar, y recordar es volver a soñar.