1989 Deslumbramiento

Width 22.5 in

Height 17.0 in

$6,000

English

Deslumbramiento (1988) is a meditation on excess light as an interior experience: that instant when perception becomes almost unbearable and yet profoundly revealing. Rather than depicting a simple luminous effect, the work turns dazzling brightness into a state of the soul, where form seems to emerge and dissolve at once within an atmosphere charged with visual energy. The composition suggests a tension between revelation and loss: what is seen too intensely also risks disappearing, as though clarity itself carried its own shadow.

The painted surface functions as a vibrant field of accumulation and radiance. The colors, intense yet carefully modulated, do not rely on brightness alone but generate a restrained, almost nervous vibration that keeps the eye in suspension. The material presence feels alive, handled with a deliberation that makes painterly gesture a form of perception. In Deslumbramiento, light does more than illuminate: it enters, questions, and transforms. The work invites the viewer to remain within that threshold where seeing is also a kind of losing oneself, and where the intensity of the image becomes an experience of consciousness.

Espanol

Deslumbramiento (1988) es una meditación sobre el exceso de luz como experiencia interior: ese instante en que la percepción se vuelve casi insoportable y, sin embargo, profundamente reveladora. Más que representar un simple efecto luminoso, la obra convierte el deslumbramiento en un estado del alma, donde la forma parece surgir y disolverse al mismo tiempo dentro de una atmósfera cargada de energía visual. La composición sugiere una tensión entre revelación y pérdida: aquello que se ve con demasiada intensidad también amenaza con borrarse, como si la claridad misma llevara consigo su propia sombra.

La superficie pictórica funciona como un campo vibrante de acumulación y resplandor. Los colores, intensos pero modulados, no descansan en la mera brillantez sino que construyen una vibración contenida, casi nerviosa, que mantiene la mirada en suspenso. La materia se siente viva, trabajada con una deliberación que hace del gesto pictórico una forma de percepción. En Deslumbramiento, la luz no ilumina solamente: invade, interroga y transforma. La obra invita al espectador a permanecer en ese umbral donde ver es también perderse, y donde la intensidad de la imagen se convierte en una experiencia de conciencia.