1998 Construccion de lo Imaginario


Width 17.75 in

Height 23.75 in

$6,700

English

Construcción de lo Imaginario (1998) is a meditation on the making of inner worlds — on imagination not as escape, but as a disciplined act of building meaning from memory, emotion, and vision. The work seems to emerge from an interior architecture where forms are assembled less according to literal reality than according to psychic necessity. What is constructed here is not simply an image, but a mental and emotional space: one in which fragments of figure, gesture, and atmosphere come together into a coherent but elusive whole.

The title itself suggests process, labor, and invention. Rather than presenting imagination as spontaneous fantasy, the painting seems to understand it as something made, layered, and carefully sustained. The composition carries this sense of construction in its visual rhythm: elements appear to be placed, held, and balanced within a field that feels both open and intentionally shaped. In this way, the work becomes an image of consciousness itself — not fixed, but assembled through perception, recollection, and desire. What the viewer encounters is a space where the visible and the imagined are not separate, but continuously interwoven.

Earth tones, deep blues, and restrained tonal contrasts help establish a climate of reflective density. These colors give the painting a sense of depth and seriousness, even as the subject remains elusive and inward. In Construcción de lo Imaginario, imagination is not decorative or ornamental; it is structural, almost architectural. The work suggests that the inner life is not a vague abstraction, but a real territory — one built from intuition, persistence, and the constant labor of envisioning what cannot yet be fully seen.

Español

Construcción de lo Imaginario (1998) es una meditación sobre la construcción de mundos interiores — sobre la imaginación no como escape, sino como un acto disciplinado de edificar sentido a partir de la memoria, la emoción y la visión. La obra parece surgir de una arquitectura interior donde las formas se organizan menos según la realidad literal que según una necesidad psíquica. Lo que aquí se construye no es solamente una imagen, sino un espacio mental y emocional: un lugar en el que fragmentos de figura, gesto y atmósfera se reúnen en un conjunto coherente pero escurridizo.

El título mismo sugiere proceso, labor e invención. Más que presentar la imaginación como fantasía espontánea, la pintura parece entenderla como algo hecho, estratificado y cuidadosamente sostenido. La composición transmite ese sentido de construcción en su ritmo visual: los elementos parecen ser colocados, sostenidos y equilibrados dentro de un campo que se siente a la vez abierto y deliberadamente formado. De este modo, la obra se convierte en una imagen de la conciencia misma — no fija, sino ensamblada a través de la percepción, el recuerdo y el deseo. Lo que el espectador encuentra es un espacio donde lo visible y lo imaginado no están separados, sino continuamente entrelazados.

Los tonos tierra, los azules profundos y los contrastes tonales contenidos ayudan a establecer un clima de densidad reflexiva. Estos colores le dan a la pintura una sensación de profundidad y seriedad, aun cuando el tema permanezca esquivo e interior. En Construcción de lo Imaginario, la imaginación no es decorativa ni ornamental; es estructural, casi arquitectónica. La obra sugiere que la vida interior no es una abstracción vaga, sino un territorio real — uno construido con intuición, persistencia y el trabajo constante de imaginar lo que todavía no puede verse del todo.